miércoles, 13 de noviembre de 2019

Volver a empezar

Como yo es de público conocimiento, Rampla Juniors volverá a jugar en Segunda División el año que viene. Las causas de este nuevo fracaso deportivo pueden remontarse al momento que uno quiera. Algunos dirán que fue a partir de tal o cual partido, o haber traído a tal o cual técnico, o no haberlo sacado a tiempo a otro. También tendría su lógica el argumento de que no nos podemos establecer en Primera debido a las malas gestiones dirigenciales de los últimos, no sé, 20 o 30 años.

Yo les propongo ir a la última vez que estuvimos en la segunda categoría, porque miren que va a ser muy parecida a la que se viene. Un agujero económico gigante, casi insalvable. Se logra poner el equipo en cancha, con un plantel lleno de futbolistas humildes y trabajadores. Con hombres con sed de superación, liderados por un cuerpo técnico que inculcó valores muy ligados a la identidad de nuestra institución. Ascendimos y fuimos campeones. Remontamos partidos increíbles. Se nos llenó el pecho de orgullo como hacía mucho no ocurría.

¿Y qué pasó luego de volver a Primera? Se tiró todo por la borda. Se trajo un DT argentino (Germán Corengia), con total desconocimiento del medio local. Se dejó de utilizar el Estadio Olímpico porque “la cancha estaba fea” y parece que pretendíamos ser la Holanda de Cruyff. Duró poco la identidad recuperada.

Aquella directiva pudo enderezar el barco a tiempo, y con un hombre de la casa como el “Ronco” López no solo nos salvamos sino que logramos el hito de clasificar a una copa internacional. Sin embargo, a la masa social ramplense, lo bueno no le alcanzó. Eligió el cambio. Sintió que eso del “tercer grande” era posible, en un club que apenas estaba sacando la cabeza del pozo y que, luego de un pésimo Torneo Apertura, otra vez estaba sumido en la lucha por no descender. Nos salvamos, pero quedamos muy comprometidos para el año siguiente.

Con la oportunidad de iniciar la temporada desde cero, la gestión encabezada por Ignacio Durán decide traer a un DT argentino, sin experiencia en Uruguay y con flojos resultados en el exterior. Lo mismo que hizo la dirigencia anterior con Germán Corengia. Otros nombres, mismo error. Toresani duró dos partidos (3-4 vs Progreso y 0-5 vs Peñarol). Ni siquiera se tuvo la firmeza para mantenerlo unos partidos más y ver qué pasaba. Hoy vemos que Progreso y Peñarol son de los mejores equipos del año.

Ya con Rosario Martínez, el equipo redondeó un digno Apertura, sumando 18 puntos y ganando el clásico en nuestra casa, pero en el receso perdimos jugadores fundamentales: Edgar Martínez, Álvaro Fernández, Camilo Cándido, Leonardo Melazzi, Pablo Pereira... y los que llegaron (salvo alguna excepción) no estuvieron a la altura. La seguidilla de derrotas, el mal juego del equipo y un inexplicable 4-3 ante Wanderers le costaron el puesto al entrenador, pero el tiempo demostró que quizás la culpa no era tan suya (más allá de que se dice fue responsable en la ida de algunos de los futbolistas mencionados anteriormente).

Espinel llegó convencido de que eso de que no se puede pelear el descenso “jugando bien” era un mito pero Rampla casi siempre fue superior a su rival y casi siempre perdió. En todos los partidos recibimos al menos 1 gol (la última vez que mantuvimos el arco en cero fue en el clásico del Apertura). Ser ofensivo no sirve de nada si atrás hacés agua por todos lados.

Y aquí estamos, otra vez en la B (tercer descenso en los últimos 7 años) y nuevamente con una deuda que amenaza con ser impagable. Ante este panorama, es fundamental elegir bien qué hacemos de ahora en más.

Reconocemos la filiación ramplense de todos los que trabajan y han trabajado en el club. Valoramos muchísimo el tiempo dedicado, y muchas veces el dinero que sabemos han volcado para tapar agujeros. Aunque seamos críticos, estamos agradecidos por lo que han hecho por Rampla, porque sabemos que en el acierto o en el error lo hicieron de corazón y por el bien del club. Nadie tiene la bola de cristal. No es la idea que una vez publicada esta columna nos empiecen a llegar desmentidas o aclaraciones. Tenemos que mirar hacia adelante.

Después de tantos años de fracasos, quizás debamos reconocer nuestra incapacidad de conducir correctamente el club. Sea por falta de liderazgo (en este período dos presidentes renunciaron), de capacidad o profesionalismo, falta de tiempo o dinero, siempre estamos en la misma. Y todos los hinchas de Rampla somos responsables, no solo los que han puesto el hombro dentro del club.

Por estos días se plantean otras formas de conducción, por ejemplo cediendo o compartiendo la gestión económica / deportiva con organizaciones especializadas en su manejo. Claramente no nos gusta y está lejos del ideal que queremos, pero quizás haya que considerarlas, siempre y cuando sean serias y confiables.

En caso de avanzar en esa dirección, habrá que exigir todas las garantías del caso, preservar la identidad ramplense en todos sus aspectos, fortalecer el rol social de la institución, pero a la vez abrir la cabeza y reconocer que el mundo del fútbol va hacia otro lado.

La próxima asamblea de socios es clave y sería muy importante que asista la mayor cantidad de gente posible. Hay que arrimarse al club ahora más que nunca. Y este sábado, dar la cara ante los vecinos, demostrar que la familia picapiedra está en las buenas y en las malas. ¡Arriba Rampla!

Por Marcelo Baruffaldi.

lunes, 20 de mayo de 2019

Las cosas importantes


Pasó una semana que no queríamos que terminara nunca. Seguir viendo el golazo de Albín una y otra y otra vez. Recibiendo felicitaciones (como si los hinchas jugáramos) de amigos, conocidos, compañeros de trabajo. Paladeando todo ese disfrute de un esperado triunfo clásico.

Hubo que volver a la contienda deportiva y enfrentar a River Plate en el Parque Saroldi. Un partido muy importante para acortar diferencias en la lucha por la permanencia: Rampla estaba a 4 puntos pero como River siempre va a tener un partido menos (por estar el año pasado en el grupo de 7 equipos en el Intermedio) la distancia real era de 6 unidades: lo que los picapiedras necesitaban descontar para tener un mejor promedio que los darseneros.

Ya empezamos mal cuando descubrimos que la entrada estaba $350, sin descuento para socios, sin venta web y sin poder comprar la entrada en el propio escenario. Es decir, había que volver a ir hasta un Abitab y pagar con esos papeles con números llamados “billetes”. Alguno dirá (y con razón) “dramas burgueses”, quejarse de esto. Lo más loco es que al final vendían entradas en la puerta.

Ingresabas al Saroldi y luego del cacheo te recibía un grupo de personas que vendía rifas para ayudar a Barby (ya muy conocida y querida por toda la familia ramplense), como recordatorio de que las cosas importantes de la vida pasan por otro lado. Ahí fue menester aplaudir el gesto de la directiva de River que no solo aceptó, sino que apoyó la iniciativa. Y un reconocimiento para los familiares y amigos que se pusieron la movida al hombro.

 
Se sortearon camisetas de ambos clubes, se vendieron números en ambas tribunas, por los altoparlantes se difundió la acción varias veces y las dos parcialidades aplaudieron a la pequeña luchadora. El dinero recaudado es fundamental para que ella pueda seguir afrontando el tratamiento de la dura enfermedad que padece, pero se nota que fuerzas para hacerlo le sobran.

Luego del himno patrio (por la Batalla de Las Piedras) comenzó el partido. Equipo que gana no se toca y menos si viene de ganar un clásico. Con los mismos 11 salió el picapiedra a enfrentar a los darseneros. El primer tiempo fue chato y aburrido. Un trámite que, sabemos, en general nos favorece.

 
River tuvo un remate de media distancia que se metía abajo contra el palo pero que sacó al córner Rodrigo Odriozola (homenajeado por cumplir 100 partidos defendiendo nuestro arco). De los nuestros muy poco para destacar. Delis Vargas y Leo Melazzi bastante solos cada uno por su banda, este último más preocupado por generar una falta que por avanzar hacia adelante.

Juan Albín un poco perdido, como sin oportunidades de recibir una pelota limpia, las pocas veces que estuvo solo y en posición favorable no se la dieron. Saavedra luchando contra los zagueros rivales, donde perdió más de lo que ganó.

Empezó el segundo tiempo y casi de movida River se puso en ventaja. Vino un centro desde la izquierda, Felipe la desvió accidentalmente con su cabeza descolocando al resto, y la guinda le cayó justa a Píriz que venció a Odriozola.

Así como es muy difícil remontarle un resultado a este Rampla cuando empieza ganando, parece igual de complicado que nosotros igualemos un score adverso. Los dos partidos que perdimos desde que llegó Rosario Martínez fueron los únicos dos partidos en los que el rival se puso en ventaja primero.

Los dirigidos por el señor con apellido de peluquero famoso (mejor ni nombrarlo) se dedicaron a tocar el balón en su retaguardia, esperando que Rampla saliera a presionar, lo cual no ocurría: nuestro equipo no está acostumbrado a hacerlo. El que más intentó sacar a sus compañeros hacia adelante fue el flaco Álvaro Fernández.

 
A los 25' se terminó de complicar la cosa cuando Edgar Martínez partió al medio a un jugador darsenero que venía embalado sacándose rivales de encima. El capitán, que ya parecía lesionado luego de caer mal contra la banda, no estará en la próxima fecha contra Nacional y ya lo estamos extrañando. Bergessio esta semana va a poder dormir tranquilo. Entró Claudio Servetti para recomponer la zaga, saliendo Delis Vargas.

Pese al hombre de menos, siempre hay una chance. Una al menos. Pablo Pereira (que había entrado por Saavedra) quedó mano a mano con el arquero tras una buena jugada entre Albín y Melazzi. Su definición fue algo floja y el golero en dos tiempos se quedó con la pelota. Era LA chance. Les adelanto que no la verán en el resumen televisivo. Solo quedaba la esperanza en alguna jugada de pelota quieta, que por cierto las veníamos ejecutando bastante mal.

Cuando quedaban 5 minutos, Matías Alonso se mandó un golazo desde fuera del área y parecía sentenciar el partido, pero Rampla siempre da un poco más. Con tiempo cumplido y tras un saque de banda / centro, Felipe se quedó con la guinda y mientras intentaba hacerse un espacio, esta pegó en la mano de un jugador rival. Ostojich cobró el penal y Pablo Pereira lo transformó en gol.

Los 4 minutos de adición apenas nos dieron para que Odriozola metiera un centro largo al área local sin mayores consecuencias. Ellos hicieron bien los deberes: simularon faltas, se tiraron al piso, llevaron la pelota contra el banderín, etc.

Llegó el final y nos quedamos con la bronca porque era un partido que no se podía perder. Dejamos pasar la chance de dar un gran paso hacia la permanencia, pero esto sigue y todavía quedan muchos partidos para recortar diferencias.

 
Y lo principal: la vida tiene cosas mucho más lindas e importantes que lo que pasa dentro de un campo de juego. Allí andaba Barby, haciendo nuevas amigas, con esa sonrisa que ilumina. Se puede seguir colaborando con ella a través del Colectivo Abitab: Nro. 99607.

¡Arriba Barby!