lunes, 20 de mayo de 2019

Las cosas importantes


Pasó una semana que no queríamos que terminara nunca. Seguir viendo el golazo de Albín una y otra y otra vez. Recibiendo felicitaciones (como si los hinchas jugáramos) de amigos, conocidos, compañeros de trabajo. Paladeando todo ese disfrute de un esperado triunfo clásico.

Hubo que volver a la contienda deportiva y enfrentar a River Plate en el Parque Saroldi. Un partido muy importante para acortar diferencias en la lucha por la permanencia: Rampla estaba a 4 puntos pero como River siempre va a tener un partido menos (por estar el año pasado en el grupo de 7 equipos en el Intermedio) la distancia real era de 6 unidades: lo que los picapiedras necesitaban descontar para tener un mejor promedio que los darseneros.

Ya empezamos mal cuando descubrimos que la entrada estaba $350, sin descuento para socios, sin venta web y sin poder comprar la entrada en el propio escenario. Es decir, había que volver a ir hasta un Abitab y pagar con esos papeles con números llamados “billetes”. Alguno dirá (y con razón) “dramas burgueses”, quejarse de esto. Lo más loco es que al final vendían entradas en la puerta.

Ingresabas al Saroldi y luego del cacheo te recibía un grupo de personas que vendía rifas para ayudar a Barby (ya muy conocida y querida por toda la familia ramplense), como recordatorio de que las cosas importantes de la vida pasan por otro lado. Ahí fue menester aplaudir el gesto de la directiva de River que no solo aceptó, sino que apoyó la iniciativa. Y un reconocimiento para los familiares y amigos que se pusieron la movida al hombro.

 
Se sortearon camisetas de ambos clubes, se vendieron números en ambas tribunas, por los altoparlantes se difundió la acción varias veces y las dos parcialidades aplaudieron a la pequeña luchadora. El dinero recaudado es fundamental para que ella pueda seguir afrontando el tratamiento de la dura enfermedad que padece, pero se nota que fuerzas para hacerlo le sobran.

Luego del himno patrio (por la Batalla de Las Piedras) comenzó el partido. Equipo que gana no se toca y menos si viene de ganar un clásico. Con los mismos 11 salió el picapiedra a enfrentar a los darseneros. El primer tiempo fue chato y aburrido. Un trámite que, sabemos, en general nos favorece.

 
River tuvo un remate de media distancia que se metía abajo contra el palo pero que sacó al córner Rodrigo Odriozola (homenajeado por cumplir 100 partidos defendiendo nuestro arco). De los nuestros muy poco para destacar. Delis Vargas y Leo Melazzi bastante solos cada uno por su banda, este último más preocupado por generar una falta que por avanzar hacia adelante.

Juan Albín un poco perdido, como sin oportunidades de recibir una pelota limpia, las pocas veces que estuvo solo y en posición favorable no se la dieron. Saavedra luchando contra los zagueros rivales, donde perdió más de lo que ganó.

Empezó el segundo tiempo y casi de movida River se puso en ventaja. Vino un centro desde la izquierda, Felipe la desvió accidentalmente con su cabeza descolocando al resto, y la guinda le cayó justa a Píriz que venció a Odriozola.

Así como es muy difícil remontarle un resultado a este Rampla cuando empieza ganando, parece igual de complicado que nosotros igualemos un score adverso. Los dos partidos que perdimos desde que llegó Rosario Martínez fueron los únicos dos partidos en los que el rival se puso en ventaja primero.

Los dirigidos por el señor con apellido de peluquero famoso (mejor ni nombrarlo) se dedicaron a tocar el balón en su retaguardia, esperando que Rampla saliera a presionar, lo cual no ocurría: nuestro equipo no está acostumbrado a hacerlo. El que más intentó sacar a sus compañeros hacia adelante fue el flaco Álvaro Fernández.

 
A los 25' se terminó de complicar la cosa cuando Edgar Martínez partió al medio a un jugador darsenero que venía embalado sacándose rivales de encima. El capitán, que ya parecía lesionado luego de caer mal contra la banda, no estará en la próxima fecha contra Nacional y ya lo estamos extrañando. Bergessio esta semana va a poder dormir tranquilo. Entró Claudio Servetti para recomponer la zaga, saliendo Delis Vargas.

Pese al hombre de menos, siempre hay una chance. Una al menos. Pablo Pereira (que había entrado por Saavedra) quedó mano a mano con el arquero tras una buena jugada entre Albín y Melazzi. Su definición fue algo floja y el golero en dos tiempos se quedó con la pelota. Era LA chance. Les adelanto que no la verán en el resumen televisivo. Solo quedaba la esperanza en alguna jugada de pelota quieta, que por cierto las veníamos ejecutando bastante mal.

Cuando quedaban 5 minutos, Matías Alonso se mandó un golazo desde fuera del área y parecía sentenciar el partido, pero Rampla siempre da un poco más. Con tiempo cumplido y tras un saque de banda / centro, Felipe se quedó con la guinda y mientras intentaba hacerse un espacio, esta pegó en la mano de un jugador rival. Ostojich cobró el penal y Pablo Pereira lo transformó en gol.

Los 4 minutos de adición apenas nos dieron para que Odriozola metiera un centro largo al área local sin mayores consecuencias. Ellos hicieron bien los deberes: simularon faltas, se tiraron al piso, llevaron la pelota contra el banderín, etc.

Llegó el final y nos quedamos con la bronca porque era un partido que no se podía perder. Dejamos pasar la chance de dar un gran paso hacia la permanencia, pero esto sigue y todavía quedan muchos partidos para recortar diferencias.

 
Y lo principal: la vida tiene cosas mucho más lindas e importantes que lo que pasa dentro de un campo de juego. Allí andaba Barby, haciendo nuevas amigas, con esa sonrisa que ilumina. Se puede seguir colaborando con ella a través del Colectivo Abitab: Nro. 99607.

¡Arriba Barby!

lunes, 13 de mayo de 2019

La vida es eso que pasa mientras baja la pelota de Albín

“La vida es eso que pasa mientras baja la pelota de Albín” dijo un hincha en la tribuna una vez terminado el partido. ¡Vaya si ésto nos sucedió a todos los Picapiedras presentes en el Estadio Olímpico!



Iban casi diez minutos del complemento; superioridad numérica, dominio del marcador y mejor rendimiento estaban de nuestro lado. Pero todos sabemos, por ejemplos propios y ajenos, que ésto nunca es suficiente. El último clásico es el primer ejemplo que viene a la mente, Rampla remontó dos goles en contra con diez hombres y varios jugadores comprometidos físicamente.

Los contragolpes empezaban a llegar y las malas definiciones empezaban a pesar en los locales. Todo ésto hasta que una pelota filtrada buscó a nuestros delanteros y ahí se terminó de rubricar el triunfo. Albín construyó una pared con Saavedra que lo dejó de cara al arco del astillero, no sin antes tener que dejar atrás un defensor rival.

Juan, decidió como un profesional. Antes de entrar al área y hacer lo que cualquier hincha pediría -partirle el pecho al golero rival- ensayó una “vaselina” hermosa que no terminaba de caer nunca.

El reflejo de quien escribe al ver partir ese “globito” del pie izquierdo del número diez rojiverde fue “nooo, por arriba no” como pensando que la violencia en la definición es mejor que la técnica. ¡Por suerte Albin estaba ahí y yo acá frente a un teclado!

Me pasaron por la mente las canchas lejanas en la Segunda División, los eternos viajes al interior, los triunfos clásicos que no pudimos abrochar y hasta las derrotas que tuvimos que bancar cuando teníamos todo dado. Todo eso mientras el zurdazo hermoso de Albín empezaba a subir.

Pasaron los mil abrazos de gol con los de siempre, la memoria de mis abuelos cuyas cenizas -como las de tantos Picapiedras- estaban ahí en el Olímpico siendo testigos con nosotros. Y la pelota de Juan seguía sin bajar.



Estuvo presente el laburo de tantos Picapiedras desinteresados, desde juveniles hasta primera. El “Jona” yendo a buscar cada pelota que se va al agua como si fuera la única que tenemos. El “Bebe” que se fue hace poco y está en el ADN Picapiedra. El “Paco” que hace tiempo que se lo ve en la cancha pero es más rojiverde que todos nosotros juntos. Cacho vendiendo rifas vestido de Pedro Picapiedra. Pero la pelota de Albín todavía no cruzaba la línea.

Al rato, horas después para mi, se escuchó un tímido grito de gol y llegó el momento para el festejo. La pelota finalmente tocó la red haciendo estériles los esfuerzos del golero visitante. Los abrazos y el desahogo se hicieron presente. Parecía estar todo dado para finalmente poder festejar en nuestra casa. Hubo que esperar unos minutos más pero ya todos sabíamos que esta vez no se nos escapaba.

Terminó el partido y todos los Picapiedras pudimos festejar. Fue una tarde para el recuerdo, vimos un triunfo y además sin ningún riesgo vimos pasar la vida frente a nuestros ojos.

Texto: @DurosConceptos
Fotos: @AdriBarreto90